UNINTERLINGUA 2018

87 mexicano universal”. (86) Con la opinión del respetado escritor Reyes se podría pensar que finalmente el debate ha terminado, sin embargo, en 1932, el dramaturgo y crítico mexicano Rodolfo Usigli publica su libro “México en el Teatro” y dice que la pregunta no ha sido definitivamente contestada y aún no se sabe a qué país pertenece Alarcón, en definitiva. En su libro, Usigli descarta la suposición de que Alarcón es el resultado del ambiente y la psicología mexicanos. Para Usigli, la tonali- dad gris en las obras de Alarcón a la que hace referencia Henríquez Ureña, no es más que una proyección de la vida física del dramaturgo, es decir, se debe a sus jorobas. Usigli no niega que Alarcón era cortés, pero lo que no se sabe es si lo fue por mexicano o por inteligente ya que la cortesía, dice Usigli: “es fuerza de débiles y perfección de fuertes”. (34) Dice que Alarcón no quería atraer demasiada atención a sus defectos físicos. Este crítico rechaza la tesis de Henrí- quez Ureña y de Alfonso Reyes pues él opta por explicar el estilo de Alarcón basándose en su apariencia física y psíquica personal. Siete años después, en 1939, el escritor mexicano Julio Jiménez Rueda publica su libro “Juan Ruiz de Alarcón y su tiempo”. Aquí el autor se limita simplemente a citar la tesis de Henríquez Ureña y nada más, pero en 1941 aparece el artículo “The Mexican background of Alarcón”, escrito por la investigadora estadounidense Dorothy Schons. Esta escritora adopta una posición muy diferente a la que los críticos venían tomando sobre Alarcón. Schons sugiere que todas las características alarconianas reconocidas por los estudiosos del dramaturgo como lo son la seriedad, la moralidad, la índole práctica de su código de virtudes, el realismo en la trama y la caracterización de los personajes provienen, no de la tradición peninsular, sino del teatro misio- nero del siglo XVI novohispano. Schons explica que este tipo de teatro de los frailes evangeli- zadores era realista, porque sólo así cumplía su objeto de impresionar a los indios. Dice tam- bién que era un teatro didáctico y práctico en el cual no se permitía la libertad de palabras o de acciones como ocurría en el teatro peninsular. La investigadora asume que Alarcón asistía a este tipo de teatro y que por ello sus mejores obras son didácticas y ponen de manifiesto los vicios y las virtudes del hombre. Para ella, este es el tipo de teatro que influenció en Alarcón. Lo que Henríquez Ureña llama “código de moral personal” ella denomina “el código de los frailes”. Antonio Alatorre sugiere que la investigadora ha tratado de descubrir la formación teatral de Alarcón en México y de encontrar alusiones a cosas mexicanas, pero que su intento ha fraca- sado porque como bien es sabido, en la obra de Alarcón hay un número muy limitado de refe- rencias a su país natal. Con ocasión del tercer centenario de la muerte del dramaturgo, los crí- ticos mexicanos Ermilo Abreu Gómez y Genaro Fernández MacGregor ponen a prueba y nie- gan la teoría presentada por don Alfonso Reyes años antes. Fernández MacGregor, en particu- lar, indica que el hecho de que Alarcón haya nacido en México no es suficiente para “erigirle nicho en el santuario de nuestras letras patrias, pues su vida y su formación posteriores fueron netamente españolas;… las impresiones que pudo haberse llevado de la Nueva España no son las que pueden clasificarlo mexicano, sen- cillamente porque en las dos últimas décadas del siglo XVI no había mexicanos”… continúa Fernández MacGregor diciendo que si se leen

RkJQdWJsaXNoZXIy ODkzNjU=