Usar Tacones, ¿Es un Privilegio? #ESCAT #UNINTER #LDM

La respuesta no está en el zapato. Esta en el trayecto.

Hay algo personal en los tacones:
Para algunos son glamour. Para otros son un obstáculo.
Discutimos siempre si es calzado que empodera o incomoda. Pero casi nunca preguntamos:
¿Quién puede realmente usarlos sin que su día se vuelva más difícil? ¿Usarlos es un privilegio?.

Partamos desde un detalle importante:
Los tacones funcionan mejor cuanto menos tienes que caminar. Y eso dice más sobre la ciudad y clase social que sobre el zapato. Hablamos de uno de los pocos objetos de moda que revelan cómo se mueve una ciudad.

Históricamente, los tacones nacieron como un privilegio de clase: usados por guerreros y aristócratas.
No estaban diseñados para largas caminatas ni para el trabajo físico, y eran símbolo de algo muy específico:
Estatus.

Hoy, usar tacones sigue requiriendo algo que no siempre se tiene: tiempo, seguridad, recursos y entornos donde la incomodidad no se convierta en un riesgo. Más allá de su apariencia, el tacón se sitúa en una intersección entre estética, poder, salud y presión social. Es curioso cómo algo tan pequeño como la altura de un zapato puede revelar tanto sobre la forma en que se mueve una ciudad.

Hablar del cuerpo y sus facturas suman otro detalle incómodo.

Pero si mencionamos que el uso prolongado de tacones puede alterar la postura, tensar los tendones y cargar la columna, explicamos cómo para muchos, es lujo real nunca ha sido llevarlos.
Es poder elegir no hacerlo.

Hoy el debate no es tan simple como empoderamiento vs opresión. Si no de la silenciosa libertad de elección.
Para algunas, usar tacones es una forma de expresión que radica en lo estético.
Para otras. caminar con zapatos planos sin ser juzgadas como “poco profesionales” es una conquista reciente.

Lo ideal es que ambas pudieran ser la misma al usar los tacones.

En sociología urbana existe algo curioso que podríamos llamar logística del privilegio.
Porque no es lo mismo usar tacones si tu trayecto es: de tu casa – al coche – a un espacio con alfombra.
Que si tienes que caminar tres calles de empedrado, subir al transporte público y luego caminar otras cinco cuadras.

Quien puede usar tacones con “libertad’ suele tener algo en común:
control sobre su entorno, transporte privado, superficies cuidadas, espacios donde el cuerpo no tiene que resistir.
Incluso algo tan simple como tener un bolso grande para llevar zapatos de cambio revela planificación y recursos.

Caminar en tacones cuando tu ciudad no está hecha para ellos cambia tu ritmo.
Menos rapidez, mayor cautela.
Por lo que a veces, elegir no usarlos no es una preferencia solamente, sino una forma de proteger tiempo y energía.

Por eso concluimos que existe una jerarquía invisible en los zapatos. Hay calzado diseñado para moverse. Y calzado diseñado para ser visto.
Poder usar el segundo durante todo el día sin que se vuelva un problema logístico suele significar que la vida ocurre dentro de comodidades que no son accesibles en lo general.

Así que sí: para algunos. los tacones son glamour y para otros, serían un obstáculo.
Porque hay quienes caminan kilómetros al día. Quienes trabajan de pie. Quienes necesitan correr. cargar, resistir.
En esos contextos, la moda cambia de significado. Y esa es una de sus partes más fascinantes; reflejar y adaptar en función de.

No es sobre opresión o empoderamiento. Es sobre, ¿Quién tiene realmente la libertad de elegir?.
Porque el lujo no es un zapato de diez centímetros. Es la libertad de quitártelo.

Fuentes: Emely Gutiérrez Jiménez con información de apoyo de Ethic

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