Tres estilos, tres miradas distintas de la moda.
Un ejercicio que demuestra que el dibujo va más allá de copiar:
es una herramienta para construir identidad, creatividad y expresión propia.
La Ilustración para entender la moda
En el proceso de formación de un diseñador, el dibujo deja de ser una habilidad técnica para convertirse en una herramienta de pensamiento. En la Licenciatura en Diseño de Modas y Tendencias Internacionales de la Universidad Internacional (UNINTER), este principio se traduce en ejercicios que obligan a las y los estudiantes a observar, analizar y reinterpretar la moda desde su base más esencial.
Como parte de la materia de Ilustración de Vestimenta, impartida por la docente Martínez Albarran Joana, las y los estudiantes de segundo semestre desarrollaron un proyecto que pone a prueba no solo su capacidad gráfica, sino su comprensión estética: la creación de tres bocetos con estilos completamente distintos —clásico, rockero y maximalista.

Tres estilos de moda diferentes, tres discursos visuales
Lejos de ser un ejercicio superficial, cada boceto implicó una construcción conceptual. El estilo clásico exigió precisión, proporción y un entendimiento claro de la elegancia atemporal; donde menos es más, pero cada elemento debe estar perfectamente justificado.
El estilo rockero, en contraste, llevó a las y los estudiantes a trabajar desde la actitud. Siluetas más marcadas, contrastes visuales y materiales como el cuero se convirtieron en recursos clave para transmitir fuerza, rebeldía y personalidad.
El maximalismo, por su parte, rompió cualquier intención de contención. Colores, patrones y capas visuales se mezclaron en composiciones complejas que desafían las reglas tradicionales del diseño, obligando a quien ilustra a tomar decisiones arriesgadas, pero conscientes.

La textura: del material al trazo
Uno de los retos más relevantes del proyecto fue la exploración de texturas. No se trataba únicamente de dibujar una prenda, sino de representar cómo se siente visualmente: el peso de una tela, el brillo de un acabado, la rigidez o fluidez de un material.
Este proceso exige observación y traducción. ¿Cómo se dibuja el cuero sin tocarlo? ¿Cómo se sugiere la ligereza de una tela? Aquí es donde la ilustración se convierte en un lenguaje más complejo, en donde cada trazo comunica una cualidad sensorial.
Más allá del boceto: formar criterio
El valor de este tipo de ejercicios no radica únicamente en el resultado visual, sino en el proceso. Las y los estudiantes no solo replican estilos, sino que comienzan a entenderlos, cuestionarlos y adaptarlos.
Guiados por la docente Martínez Albarran Joana, este proyecto evidencia una etapa clave en su formación: el momento en el que el dibujo deja de ser copia y se convierte en propuesta. En un contexto donde la moda se consume de forma inmediata, desarrollar criterio propio se vuelve una de las herramientas más importantes para cualquier futuro diseñador.

Una base para construir identidad
Este ejercicio marca un punto de partida. La capacidad de explorar distintos lenguajes visuales, entender sus códigos y traducirlos en una propuesta propia es lo que, eventualmente, permitirá a estas y estos estudiantes construir una identidad dentro de la industria.
Porque antes de crear una colección, una marca o una narrativa, todo comienza así: con un trazo, una idea y la intención de comunicar algo más allá de la prenda.
Fuentes: Emely Gutiérrez Jiménez con apoyo de slideshare
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