Debemos prestar atención en el mantenimiento de un coche eléctrico #IISCA #ESCAT #Ingeniería

Cuando un conductor quiere comprarse un coche, lo más habitual es que saque la calculadora y compruebe cuánto le va a costar una cuota mensual.

Pero también qué gastos añadidos puede tener, como el seguro o, simplemente, el mantenimiento del coche conforme pasen los años: revisiones, piezas de recambio…

De hecho, el mantenimiento de los vehículos se ha complicado tanto que ha hecho crecer la fórmula de renting, pues éste se incluye como parte de la cuota en la mayoría de las ocasiones. Además, el aumento de la electrónica en los vehículos y sus componentes, cada vez más delicados y difíciles de entender, han hecho que muchos conductores abandonen la idea de realizar parte del mantenimiento por su cuenta y riesgo.

Quienes optan por comprar un coche de combustión, lo normal es que tengan planificado los cambios de neumáticos, de frenos, líquidos, correa de distribución… Elementos de desgaste de cualquier vehículo pero que en un coche eléctrico cambian ligeramente. Vamos a repasar qué debemos tener en cuenta en el mantenimiento de un coche eléctrico.

Qué mantenimiento hacer a un coche eléctrico

Lo primero que podemos llegar a pensar cuando hablamos del mantenimiento de un coche eléctrico, es todo lo relacionado con la electrónica y, evidentemente, la electricidad. En este sentido, debemos asumir que todas las operaciones relacionadas con este tema las tendrán que llevar a cabo profesionales especializados.

Si hablamos del motor, el comprador de un coche eléctrico se puede despreocupar. Su estructura es tan sencilla y su funcionamiento tan simple que no tiene que prestar atención a fallos mecánicos por desgaste, como si pueden ser más habituales en motores diésel o gasolina mal cuidados, o sustituciones en los filtros de combustible, de las bujías o de la correa de distribución. Tampoco hay embrague que cambiar, por ejemplo.

coche eléctrico

En este sentido, un vehículo eléctrico necesita que le prestemos menos atención mecánica que a un automóvil de combustión. Las sustituciones y el mantenimiento, general, por tanto, suele centrar piezas y componentes que también tendremos que jubilar en los diésel y la gasolina.

Hablamos, por ejemplo, de los cambios de neumáticos, de las pastillas de freno o de los amortiguadores. Son elementos que necesitan ser cambiados cuando el fabricante así nos lo señale. La mayoría de estos componentes, además, están sujetos al tipo de conducción que hagamos pero, por norma general, se suelen utilizar los siguientes plazos: 

  • Neumáticos: cada dos años o 30.000 km.
  • Pastillas de freno: cada dos años o 30.000 km. 
  • Discos y pastillas de freno: cada cuatro años o 60.000 km.
  • Líquidos de freno: cada tres años o 30.000 km.
  • Filtro de polen: cada dos años o 20.000 km
  • Batería auxiliar: cada seis años o 90.000 km.

Como decimos, algunos de estos plazos pueden variar por el tipo de conducción y las recomendaciones del fabricante. Donde el asunto es un poco más espinoso es en el cambio de la batería general que alimentan los motores eléctricos, pues es el componente más caro de un coche eléctrico.

Además, hay que tener en cuenta que vivimos unos momentos de precios muy volátiles. Es de esperar que los precios de las baterías bajen, conforme aumente su producción, por lo que las cifras actuales puede que poco o nada tengan que ver con las que encontremos dentro de 10 años. También es más probable que un mayor número de talleres puedan hacer estas operaciones y que, por lo tanto, el conductor no tenga que estar atado a un servicio oficial.

Fuente: Xataka

Ingeniería Industrial y de Sistemas de Calidad.

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